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Pérdida de audición

La pérdida de audición no tiene porqué desarrollarse exclusivamente en la vejez. A partir de los 20 o 30 años puede producirse una disminución progresiva de la audición.

La mayoría de la gente piensa que la sordera o disminución de la audición es un problema asociado a la edad. En parte podemos decir que es verdad porque con el paso del tiempo se produce una reducción progresiva de la sensibilidad auditiva y se pierden 50.000 células ciliadas en el canal del oído. Estas células tienen la función de transformar las ondas sonoras en impulsos que posteriormente se envían al oído interno. Una vez llegan al oído interno serán codificados por el cerebro.
Con los años, la regeneración de estos cilios se reduce gradualmente. Esta reducción se debe a causa de la acción de una proteína producida por el gen retinoblastoma Rb1. Si elimináramos este gen o evitáramos la producción de esta proteína, solucionaríamos el problema.
En Europa existen 70 millones de personas afectadas por pérdida de audición. Se puede considerar un problema grave de salud dado a su extensión. Y el problema va en aumento ya que anualmente incrementa este número de afectados en un 5%. Y debemos recordar que   existen 7 de cada 1000 jóvenes de menos de 18 años que padecen este problema de salud.

Muchas veces no le damos la importancia que tiene. Las personas mayores porque asocian el problema con la edad, y los jóvenes porque no suelen admitir que tienen problemas de audición.

Existen varios tipos de pérdida auditiva:

Pérdida de audición conductiva, en esta pérdida de audición se perciben los sonidos, especialmente los bajos, pero de manera amortiguada.

La pérdida auditiva neurosensorial, sin entender por qué las personas sienten que no hay una buena conexión entre las ondas sonoras y los impulsos nerviosos. No se envían correctamente los impulsos nerviosos al cerebro.

La pérdida auditiva mixta, la suma de los dos anteriores.

Pérdida de la audición central, en este caso es el cerebro que no interpreta correctamente los impulsos nerviosos. Se envían de forma correcta pero se interpretan mal.

El zumbido, ruidos que se oyen de manera casi continua y más o menos fuerte. Resultan molestos para las personas.

El diagnóstico es simple y no invasivo. Existen varias técnicas de diagnóstico:


Acumetría, a través de diapasones de distintos Hertzios para identificar el grado de pérdida de audición
Audiometría tonal supraliminar. Para pérdidas auditivas neurosensoriales.
Tests: Weber, Schwabach, Rinne y Gelle.

 Pero la cura suele ser más complicada, sobretodo si la persona tarda en darse cuenta y acudir al médico.

Hoy en día existen muchos avances en audífonos, tanto que pueden resultar casi inapreciables. La mayoría de casos se puede resolver, aunque sea con el uso de audífonos. No se suele perder la audición de manera total.

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