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Antibióticos: funcionan en el laboratorio pero no en el ser humano

Las pruebas actuales para detectar la eficacia de los antibióticos es limitada y muchas veces errónea

Las bacterias son muy astutas. Por ejemplo, la Salmonella, que se puede eliminar por antibióticos en pruebas de laboratorio, puede llegar a ser altamente resistente en el cuerpo.
Un estudio reciente llevado a cabo por la universidad UC de Santa Barbara dirigido por el biólogo Michael Mahan se refiere a este fenómeno como “la estrategia de caballo de Troya”. Esta estrategia puede explicar por qué los antibióticos no son eficaces en algunos pacientes a pesar de que las pruebas de laboratorio predicen lo contrario. Los resultados de la investigación aparecen en la revista EBioMedicine.
Los métodos actuales para probar la resistencia a los antibióticos no reflejan los entornos reales y variables en el cuerpo, donde las bacterias luchan para sobrevivir. Mahan señaló que esta diferencia puede hacer que las pruebas de sensibilidad a los antibióticos sea inexacta.
“La prescripción de un antibiótico equivocado no sólo puede fallar para eliminar la infección, sino que puede crear la tormenta perfecta para la aparición de superbacterias en los pacientes infectados”, agregó. “Incluso en nuestros hospitales más avanzados, las dosis altas de medicamentos se dan a los pacientes infectados sin saber que el entorno del cuerpo puede hacer que las bacterias sean inherentemente resistentes a los mismos antibióticos prescritos para su control.”
La investigación de Mahan muestra dos puntos importantes: Las bacterias se vuelven resistentes sólo a ciertos antibióticos, y desplegan este mecanismo de defensa sólo en ciertas áreas del cuerpo. Esto significa que cuando un paciente no responde a un tipo particular de antibióticos que las pruebas de laboratorio indican que deberían ser eficaces, en lugar de aumentar la dosis o la duración del tratamiento, una opción terapéutica potencialmente más eficaz es simplemente prescribir otro medicamento.
Mahan y su equipo de investigadores trabajaron con la Salmonella. Ésta reside dentro de las células blancas de la sangre – las mismas células del sistema inmunitario que están implicadas en la protección del cuerpo contra las enfermedades infecciosas. Cuando los investigadores imitaban este entorno intracelular en el laboratorio, las bacterias se hicieron altamente resistentes a ciertos antibióticos.
Luego probaron la Yersinia, esta bacteria también ataca la sangre intoxicando a partir de los alimentos como el caso de la Salmonella pero vive fuera de las células huésped, en el intestino. Cuando los investigadores imitaban el medio ambiente extracelular del intestino, esta bacteria también se convertía en altamente resistente a ciertos antibióticos. Estos dos ejemplos indican que el proceso de la resistencia puede ser compartido por muchos tipos diferentes de bacterias.
“Nuestra investigación sugiere la necesidad de modelos animales para ser comprobar la resistencia y eficacia de los antibióticos logrando así los entornos bioquímicos específicos que desencadenan la resistencia en el cuerpo”, explica Mahan. 
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