Semana 25 del embarazo en adelante: lo que debes saber

Fuente: babygest.es

La semana 25 del embarazo es un momento muy especial de gestación. El bebé tiene pestañas ya, y puede incluso abrir los ojos. Lo que ocurre es que la oscuridad del útero no le permite ver nada aún.

Además, en ese momento ya ha comenzado a pigmentarse la piel y el cabello, que ha empezado a coger color (el cual puede variar después del alumbramiento). El color de ojos aparecerá días después del nacimiento, ya que precisa luz, si bien viene predeterminado desde el primer momento por la genética.

¿Qué más sucede a las 25 semanas de embarazo?

Hasta las 25 semanas de embarazo los fetos se centran en la formación y el desarrollo, que es muy similar en todos ellos. Pero a partir de entonces, y siempre dentro de unos límites, el crecimiento viene más predeterminado por la genética, apareciendo diferencias de talla y peso. No obstante, existen unas cifras medias, que se sitúan en unos 700 gramos de peso y 22 centímetros de longitud cráneo caudal.

La forma del feto es más redondeada ya, pareciéndose cada vez más a ese bebé que llegará al mundo después del alumbramiento. Existen estudios que aportan incluso un bonito dato: desde esa semana, empiezan ya los sueños.

Poco a poco se va desarrollando un proceso normal de sintetización de experiencias. Al haberse desarrollado ya los sentidos, se reciben estímulos exteriores que se asimilan mediante los sueños. Algo que será muy frecuente después del nacimiento, y que se manifiesta en muchos niños durante el sueño, a través de conversaciones y movimientos.

Durante esa semana la mamá no sufre cambios importantes, ya que el segundo trimestre es el más confortable. Pero según va llegando el tercer trimestre y el bebé sigue creciendo cuenta con menos espacio para moverse, de forma que se puede notar alguna que otra punzada o incluso incomodidad al realizar determinadas posturas.

Al final del embarazo llegan los gases, ¡evítalos!

Entre las consecuencias más relevantes de todo lo anterior están los problemas gástricos. Al comprimirse cada vez más los órganos digestivos, se pueden producir ardores o reflujo, y también gases y flatulencias. Para solucionar estos inconvenientes, que suelen durar hasta el final del embarazo, lo mejor es llevar una dieta controlada y hacer ejercicio moderado.

Es fundamental evitar los alimentos pesados, aquellos que contienen demasiada grasa o los fritos. No se deben tomar grandes comilonas, y los alimentos se han de distribuir durante el día. Es mejor tomar más raciones pero más pequeñas.

Se aconseja tomar bastante fruta y verdura, y llevar algún aperitivo siempre encima. La alimentación debe ser variada, y es primordial beber bastante agua. En caso de que los ardores sean muy fuertes y el reflujo provoque dolores intensos habrá que ir al médico, para que indique el tratamiento a seguir. Además, hay que dejar a un lado las bebidas gaseosas y en su lugar tomar infusiones de manzanilla, hinojo o anís, ya que ayudan a una mejor digestión y reducen los gases.

Finalmente, se recomienda caminar, ya que esto mejora el movimiento intestinal. Lo mejor es hacerlo con ropa de algodón, holgada y cómoda, y durante las horas más frescas en verano y las más templadas en los meses de invierno.

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