Mascarillas: cuál elegir y cómo se deben usar - Salut i Benestar

Mascarillas: cuál elegir y cómo se deben usar

El uso de mascarillas es un tema sobre el cual reina mucha confusión. Actualmente, la Organización Mundial de la Salud recomienda que se use sólo en caso de tener síntomas, o aquellas personas que vayan ayudar a otras (como a ancianos, personas con COVID, etc). Aunque bien mirado, hay muchas personas asintomáticas que tienen el virus (son portadores), y sin el uso de mascarillas lo irán escampando y van a ir contagiando a otras personas… Personalmente tengo mis diferencias con esta decisión de la OMS. Al fin y al cabo no cuesta tanto ir con mascarilla, y cuantos más vayamos con ella menos se irán contagiando. Y supongo que como yo, hay muchos otros que piensan lo mismo, pues su uso está muy extendido. Aunque siguen habiendo mucha dudas al respecto. ¿Qué protección garantizan?, ¿cómo debemos usarlas? Vamos a aclarar estas dudas.

El debate sobre qué es lo mejor es acalorado en todo el mundo: la Casa Blanca se enfoca en recomendar su uso generalizado, así como la China y Hong Kong. David Heymann, el encargado de hablar sobre el tema en la OMS, anunció a la BBC: «Estamos estudiando la nueva evidencia científica y estamos listos para cambiar las directrices, si es necesario «. Es decir, que quizás dentro de unos días digan que sí, que efectivamente era mejor que todos nos pusiéramos mascarillas. Igual que todo en este tema, es variable, confuso y con poca evidencia científica. De todos modos, personalmente soy de las que opina que es mejor prevenir que curar.

Entonces, ¿cómo están las cosas? Tratemos de aclararlo.

Lo que dice la ciencia

En primer lugar, debe aclararse el contexto en el que tiene sentido o no tiene sentido usar una mascarilla. La mascarilla, junto con otras medidas de protección, debe usarse en contextos donde haya circulación del virus. En los hospitales se usan tanto en pacientes infectados como en los médicos que los deben trata. Y no sólo en el caso del coronavirus, que estas mascarillas no són nada nuevo en el ámbito de la sanidad. En estos caso, además no es posible mantener las distancias necesarias entre quienes están infectados y quienes no lo están: el médico y el operador deben cuidar al paciente, permanecer en contacto cercano, acercarse a su boca para poder visitarlo o para otros procedimientos. Todas las operaciones en las que el riesgo de que las gotas de saliva cargadas de virus puedan llegar al tracto respiratorio del médico es muy alto. Por lo tanto, la mascarilla actúa como una barrera física entre el paciente y el médico / enfermera. Por lo tanto, son cruciales para los trabajadores de la salud y la asistencia social que atienden a los pacientes.

Al cambiar de situación y extrapolar su uso en la población general, se recomienda a quienes cuidan de un paciente infectado, incluso en un contexto familiar. O aquellas personas que puedan estar infectadas, que también deberían llevarla. La razón de esta indicación es la misma que la del contexto de salud.

En cambio, en un contexto de baja circulación de virus, el uso de mascarillas por parte de la población sana no está indicado, actualmente. El principal problema es que no sabemos quién puede estar o no infectado, porque muchas de las personas que tienen el virus son asintomáticas, es decir, no tienen ningún síntoma (no notan nada). Y de momento no hay suficientes tests para hacer la prueba a toda la población, que sería lo ideal.

¿Qué significa esto? ¿Cuáles son los contextos que puedo considerar «seguros»? La máscara probablemente hará poca diferencia al caminar al aire libre y sola. En este caso, por lo tanto, no tiene sentido usarlo. Lo mismo puede decirse en todos los casos en que la distancia entre las personas es tal que garantiza una seguridad razonable. Esto se debe a que el virus no está «suspendido» en el aire: la ruta principal de transmisión son las gotas de saliva infectadas que entran directamente en contacto con nuestro tracto respiratorio.

Sin embargo, en otras situaciones de la vida diaria, donde puede haber personas enfermas (que ni siquiera deben saberlo), una mascarilla del tipo que toca y si se usa correctamente, puede servir para evitar propagar la enfermedad e incluso evitar contagiarse uno mismo.

Pero cuidado, llevar mascarilla no significa poder hacer lo que nos de la gana. Hay que seguir saliendo en los horarios establecidos, mantener la distancia y seguir intentando no tocar nada de fuera de casa i llevarse las manos a la cara (ojos, boca, nariz). La distancia de separaión que se debe dejar es de dos metros. Hay quien dice un metro y medio, pero no es suficiente. Y luego hay que recordar que las manos deben estar siempre limpias, y si tocamos algo, lavarnos las manos con agua y jabón rápidamente (antes de tocar otras cosas, o incluso a nosotros mismos al rascarnos, separarnos el pelo de la cara, etc). Si no tenemos agua y jabón a mano usaremos los geles hidroalchólicos.

Precaución

Una mascarilla no es una varita mágica que pueda salvarnos del contagio. Sobre todo porque los más comunes, las llamadas quirúrgicas, están hechas de tela o papel desechables y están creadas para proteger a otros de nuestros fluidos, y no al revés.

Además, si no se usan bien hacen más mal que bien. Si decides usar una mascarilla, es bueno que sepas que no todas protegen de la misma manera; que se deben respetar reglas precisas de higiene para usarla y desecharla; y que esto no significa descuidar la regla de oro de la distancia entre las personas. Por ejemplo, muchas personas tocan la mascarilla con las manos y luego corren el riesgo de infectarse cuando se quitan la mascarilla. Deben ponerse y sacarse siempre por las gomas, sin tocar la mascarilla en sí, y lavarse las manos antes y después. Otras personas se sienten invulnerables una vez que se ponen la mascarilla y bajan la guardia ante otras medidas. Error, las otras medidas de hecho también sirven para no contagiarnos ni contagiar, si hacemos sólo una de las medidas, seguiremos en riesgo alto de contagio.

Si no se usa correctamente, la mascarilla puede ser un vehículo para la transmisión del virus, en particular si nos tocamos la cara con las manos. Cosa que solemos hacer de manera inconsciente.

Cómo usar una mascarilla adecuadamente

Antes de ponernos la mascarilla, debemos lavarnos las manos con agua y jabón o frotarlas con una solución alcohólica. Luego se tiene que poner cogiéndola por las gomas elásticas, evitando tocarla. Debemos cubrirnos la nariz y la boca. La nariz también, que mucha gente la lleva por debajo de porque «se ahoga» o se le empaña las gafas. No pongáis excusas, justad el trozo de metal a la nariz y la mascarilla bien ajustada y ya veréis omo no se empaña nada.

Cuando se moja, debe reemplazarse por una nueva y no reutilizarse. Para sacarnos la mascarilla se aplica la misma regla: la cogemos por las gomas doblándola sobre sí misma y evitando tocar la frente con las manos. Una vez fuera debemos lavarnos las manos nuevamente.

Los diferentes tipos de mascarillas

Llegamos al último capítulo, el de la efectividad. No todas las mascarillas protegen de la misma manera. Existen diferentes tipos de mascarillas que garantizan diversos grados de protección. En general, podemos decir que las de tipo quirúrgico protegen a los demás de las secreciones del que la lleve puesta y no viceversa, mientras que las mascarillas de filtración (con las diferencias necesarias) actúan de manera opuesta, protegiendo al usuario de agentes externos peligrosos, virus y otros.

Mascarillas simples, para uso higiénico, adoptadas en algunos contextos empresariales / industriales. Estos son productos genéricos, no diseñados para uso sanitario. Por esta razón, no cuplen con los estándares que los otros tipos (mascarillas quirúrgicas y filtros faciales) si cumplen. No requieren marcado CE. No se deben usar para el COVID.

Mascarillas quirúrgicas (para uso médico y actualmente son las que ofrece la Generalitat de Catalunya para la población). Son esas mascarillas rectangulares hechas de tres capas de tela no tejida, plisada, que se sujetan gracias a una almohadilla nasal, gomas elásticas o cordones. Deben cumplir con algunos requisitos técnicos establecidos por la ley y pasar algunas pruebas específicas que verifican si la mascarilla bloquea las gotas contaminadas por bacterias. Deben tener la marca CE.

Mascarillas de filtro, también llamadas filtros faciales para protección individual (por lo tanto, FFP). Se llaman filtros porque son mascarillas que están hechas para bloquear el paso de partículas extremadamente pequeñas, del orden de medio micrón, evitando que el usuario las inhale. Son dispositivos que bloquean los virus, pero también humos, fibras y polvo peligrosos. Estos FFP son una buena protección personal. Deben cumplir con estrictas regulaciones. Estas mascarillas tienen la obligación de marcado CE y también incluyen el código de cuatro dígitos que identifica al organismo notificador además del macho CE.

La efectividad del filtrado se indica con abreviaturas FF de P1 a P3 dependiendo de la capacidad de protección creciente. En el cuidado de la salud, se utilizan FFP2 y 3, que tienen una efectividad de filtrado de 94% y 99% respectivamente y son los más adecuados para bloquear el virus COVID-19 en cuestión.

Sin embargo, la capacidad de filtrado de la mascarilla no es infinita: después de unas pocas horas de uso (normalmente entre 6 y 8 horas), el tejido pierde su eficacia, incluso si la capacidad de filtrado no se anula por completo. Son desechables, estas mascarillas deben tirarse después de un turno o después de un cierto número de horas. Estos dispositivos también pueden tener una válvula de exhalación (que facilita la vida de quienes la usan en el campo médico). En este caso, sin embargo, protegen al usuario pero no al revés, porque la exhalación no se filtra. Por tanto, para el COVID van peor con válvula. También hay FFP sin válvula, que son los más adecuados para la población.

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